La libertad de expresión en México también tiene rostro de ausencia

Cada 7 de junio, el Día de la Libertad de Expresión suele llenarse de discursos sobre democracia, prensa y derecho a informar. Pero en México hay una cifra que rompe cualquier celebración cómoda: actualmente, al menos 28 periodistas siguen desaparecidos, algunos desde hace casi tres décadas. No es una metáfora ni una exageración: son comunicadores cuyo paradero sigue sin aclararse y cuyos casos permanecen atravesados por la impunidad.

No sólo se mata al periodismo, también se le borra

Cuando se habla de violencia contra la prensa casi siempre aparecen primero los asesinatos, pero la desaparición tiene un peso todavía más brutal: deja a las familias atrapadas en la incertidumbre, congela las investigaciones y manda un mensaje de terror al resto del gremio. “Reporteros Sin Fronteras y Propuesta Cívica” (RSF) han insistido en que la desaparición de periodistas en México sigue siendo una herida abierta, y subrayan que la mayoría de estos casos se concentra en el periodo de la llamada guerra contra el narcotráfico.

La cifra actual ya rebasa registros oficiales más viejos

Para dimensionar el tamaño del problema basta mirar cómo ha crecido el registro con los años. La CNDH reportaba 21 periodistas desaparecidos de 2005 a 2020, mientras que diagnósticos previos hablaban de 25 casos hasta junio de 2015. Hoy, la cifra utilizada por Reporteros Sin Fronteras y Propuesta Cívica es de 28 periodistas desaparecidos en México, lo que muestra que el fenómeno no sólo no se resolvió, sino que siguió avanzando.

El problema no está enterrado en el pasado

Sería fácil pensar que esto pertenece a otra etapa del país, pero no. En 2025, la organización Artículo 19 -quienes promueven y defienden los derechos de libertad de expresión- documentó una desaparición de periodista, además de siete asesinatos en posible relación con su labor y al menos ocho tentativas de homicidio. Al mismo tiempo, RSF ubicó a México en 2025 como el segundo país con más comunicadores desaparecidos, además de colocarlo entre los más letales del mundo para la prensa. O sea: la desaparición de periodistas no es un capítulo cerrado, sino una amenaza que sigue viva.

La impunidad es casi total y ésa también es parte de la historia

Uno de los datos más duros es que todos los casos de periodistas desaparecidos en México siguen en total impunidad, según Propuesta Cívica y RSF. Las organizaciones sostienen que las investigaciones se estancaron pese a que las familias denunciaron desde el inicio, y que en muchos expedientes hubo omisiones, falta de diligencia y abandono institucional. En otras palabras, no sólo desaparecieron personas: también se fue apagando la voluntad del Estado para encontrarlas.

Michoacán concentra casos emblemáticos de esa deuda

Dentro de esta historia hay nombres que se han vuelto símbolo de la deuda del país con la libertad de expresión: José Antonio García Apac, desaparecido en 2006; Mauricio Estrada Zamora, en 2008; María Esther Aguilar Cansimbe, en 2009; y Ramón Ángeles Zalpa, en 2010. Los cuatro casos, todos ligados a Michoacán, han llegado incluso a instancias de Naciones Unidas por la falta de verdad y justicia. El hecho de que hayan pasado más de 15 años sin respuesta suficiente dice mucho del tamaño de la impunidad.

Desaparecer a un periodista no sólo afecta a una familia

Cada desaparición tiene un impacto directo sobre quienes rodeaban a la víctima, pero también sobre comunidades enteras. Cuando desaparece un periodista, desaparece también una voz que investigaba seguridad, corrupción, crimen organizado o poder local. Por eso estas agresiones no sólo golpean a una persona; disciplinan, silencian y marcan los límites de lo que se puede contar. Artículo 19 lo resume con crudeza al señalar que estos crímenes funcionan como mensajes colectivos para inhibir el ejercicio periodístico.

El Día de la Libertad de Expresión debería incomodar más de lo que tranquiliza

En México, esta fecha no tendría que quedarse en la foto oficial o en el discurso de ocasión. Tendría que obligar a mirar esa otra cifra que casi nunca encabeza los homenajes: 28 periodistas siguen desaparecidos. Y mientras no haya verdad, justicia y localización, hablar de libertad de expresión seguirá sonando incompleto. Porque en un país donde informar puede costar la vida o la desaparición, la libertad no se mide sólo por lo que se publica, sino también por quienes ya no pudieron volver a contar nada.

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