Cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente pone sobre la mesa una pregunta que en la Ciudad de México ya no se puede esquivar: ¿cuánta basura estamos generando realmente? La respuesta no es menor. La propia SEDEMA reporta que la capital maneja alrededor de 12 mil 700 toneladas de residuos sólidos todos los días, mientras otra plataforma oficial de la ciudad la coloca en 12 mil 816 toneladas diarias, equivalentes a 1.4 kilos por persona al día. Dicho sin rodeos: la CDMX genera una montaña diaria de residuos.
Y sí, la capital está entre las entidades que más basura generan en todo el país
El problema no es sólo local, también es de escala nacional. INEGI informó que en 2022 México recolectó en promedio 108 mil 146 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos, y una tercera parte se concentró en sólo tres entidades. La Ciudad de México encabezó la lista con 15 mil 557 toneladas diarias, equivalente al 14.4% del total nacional. Eso significa que, por sí sola, la capital pesa muchísimo en el mapa de la basura del país.
Si se mira el tamaño metropolitano, la cifra se vuelve todavía más brutal
Cuando el foco se amplía hacia el entorno metropolitano, el dato se pone más duro. Un documento oficial del Estado de México señala que en 2024 esa entidad generó aproximadamente 16 mil 600 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos. Si se pone esa cifra junto a las 12.7 a 15.5 mil toneladas diarias que reportan distintas fuentes para la capital, el volumen combinado de la CDMX y el Estado de México rebasa con facilidad las 26 mil toneladas al día y, bajo algunas mediciones, incluso pasa las 32 mil toneladas. No es una cifra exacta de toda la Zona Metropolitana del Valle de México, pero sí da una idea muy clara del tamaño del problema en el corazón urbano del país.
La basura chilanga además tiene una composición muy clara
No todo lo que se tira es igual, y ahí está uno de los datos más útiles para entender el reto. SEDEMA informó que actualmente 56% de los residuos que se generan en la ciudad son orgánicos, mientras que 22% son inorgánicos reciclables y el otro 22% son inorgánicos no reciclables. Traducido a lo cotidiano: más de la mitad de la basura capitalina podría tratarse de otra forma si la separación se hiciera bien desde casa, pero en la práctica gran parte del sistema sigue cargando con mezclas, malos hábitos y poco aprovechamiento.
La capital ya intentó cambiar el rumbo, pero la dimensión del reto sigue siendo enorme
La ciudad lleva años tratando de salir del modelo de sólo recoger y mandar lejos. SEDEMA reportó que con el Plan de Acción Basura Cero se redujo el envío de residuos sólidos a rellenos sanitarios, al pasar de 8 mil 115 toneladas diarias en 2018 a 6 mil 515 toneladas en 2022. En ese mismo balance oficial se reconoce que la ciudad generaba diariamente alrededor de 13 mil toneladas de residuos sólidos urbanos y además 14 mil toneladas de residuos de la construcción y demolición. O sea: la basura doméstica ya era muchísima, pero el cascajo y los residuos de obra también juegan en otra liga.
Por eso la nueva separación obligatoria no es capricho ecológico
A partir del 1 de enero de 2026, la CDMX puso en marcha un nuevo esquema obligatorio de separación de residuos con la intención de mejorar el aprovechamiento y fortalecer la economía circular. No es una ocurrencia menor: cuando una ciudad genera más de 12 mil toneladas diarias y además produce un porcentaje tan alto de orgánicos, separar bien deja de ser gesto simbólico y se vuelve necesidad operativa. La idea de fondo es simple: si todo se mezcla, casi nada se aprovecha; si se separa bien, una parte importante deja de terminar como desecho inútil.
El problema también tiene una dimensión de hábitos y no sólo de infraestructura
Con estas cifras, queda claro que el tema no se resuelve únicamente con camiones, rellenos o plantas de tratamiento. La basura en la capital también habla de consumo, empaques, desperdicio y vida cotidiana. Que cada persona genere 1.4 kilos al día parece poco si se mira de forma individual, pero multiplicado por millones de habitantes el resultado es descomunal. Ahí está la parte incómoda del Día Mundial del Medio Ambiente: la basura no sólo la produce “la ciudad”, la producimos quienes la habitamos.

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