Cada 1 de mayo, el Día del Trabajo obliga a mirar una realidad que cada vez pesa más entre los jóvenes mexicanos: tener una carrera ya no garantiza estabilidad, buen sueldo ni una ruta clara de crecimiento. Por eso, mientras unas profesiones siguen concentrando los ingresos más altos, una parte importante de la nueva generación está volteando hacia el autoempleo, el trabajo independiente o el famoso “poner un changarro” como salida más realista (o al menos más propia) frente a un mercado laboral que no siempre recompensa el título como se prometía.
Sí hay carreras que pagan mejor, pero no son tantas como muchos creen
De acuerdo con la plataforma Compara Carreras del IMCO, entre las profesiones con mejores salarios mensuales promedio en México están los planes multidisciplinarios o generales del campo de innovación en tecnologías de la información y la comunicación, con 25,761 pesos, seguidos de Medicina general con 25,732, Administración pública con 25,678, Ciencias políticas con 25,288, Construcción e ingeniería civil con 25,259 y Electrónica, automatización y aplicaciones de la mecánica-eléctrica con 25,203 pesos. Más abajo, pero todavía entre las mejor pagadas, aparecen Arquitectura y urbanismo y Mecánica y profesiones afines al trabajo metálico. El dato es revelador porque rompe dos mitos al mismo tiempo: no todas las carreras tradicionales garantizan los mejores ingresos, y varias de las que sí pagan mejor están ligadas a tecnología, gobierno o ingeniería.
El problema no siempre es estudiar, sino lo que pasa después
La bronca viene cuando el mercado laboral no alcanza para absorber a todos en buenas condiciones. La ENOE de INEGI reportó que en abril de 2025 la población ocupada llegó a 59.9 millones de personas, pero el contexto general sigue arrastrando una alta informalidad laboral. Y hacia 2025-2026, distintos reportes mostraron que la ocupación informal fue el principal motor de creación de empleo, mientras el trabajo formal perdió ritmo o incluso retrocedió en algunos periodos. En otras palabras: sí hay trabajo, pero no siempre hay trabajo bueno, estable o bien pagado.
Por eso muchos jóvenes ya no están soñando con “ejercer”, sino con sobrevivir mejor
Ahí entra el cambio generacional. La Encuesta Nacional de Egresados 2025 de la UVM, encontró que casi una cuarta parte de quienes trabajan de forma independiente eligieron esa modalidad por falta de oportunidades en el mercado laboral. Es decir, para muchos jóvenes egresados, emprender no aparece primero como una fantasía aspiracional de “ser tu propio jefe”, sino como una respuesta concreta a un mercado que no abre suficientes puertas. El changarro, la tienda en línea, el servicio freelance o el proyecto propio ya no sólo representan ambición: también representan refugio.
El changarro dejó de ser plan B
Eso explica por qué en los últimos años se dispararon los pequeños negocios montados desde casa, el celular o una red social. Vender comida, ropa, postres, papelería, maquillaje, servicios digitales o productos personalizados ya no se ve como algo “menor”, sino como una forma legítima de ingreso y autonomía. A eso se suma que el comercio electrónico en México viene creciendo con fuerza, lo que facilita arrancar sin necesidad de rentar un local desde el día uno. Para miles de jóvenes, emprender se volvió más alcanzable que esperar a que llegue un empleo ideal que quizá nunca llegue.
También hay una razón emocional: trabajar ya no se entiende igual
Además del sueldo, cambió la idea misma de lo que significa “éxito laboral”. Las nuevas generaciones valoran más la flexibilidad, el control del tiempo, la posibilidad de combinar varios ingresos y la autonomía sobre su propio trabajo. En un entorno donde muchas vacantes ofrecen salarios bajos, jornadas largas o poca movilidad, poner un negocio propio puede parecer menos riesgoso que entregarle años a una estructura que no promete demasiado. No porque emprender sea fácil —no lo es—, sino porque cada vez más jóvenes sienten que el empleo formal tampoco ofrece la seguridad que antes representaba. Esa percepción también se alimenta de un dato duro: en 2025, según un reporte retomado por Forbes, 46% de los trabajadores mexicanos buscaba oportunidades laborales incluso dentro de su horario de trabajo, señal de una inconformidad extendida.
El título sigue importando, pero ya no manda solo
Esto no significa que estudiar una carrera haya perdido valor. Al contrario: los datos del IMCO muestran que la formación profesional todavía puede marcar diferencias salariales relevantes. Lo que cambió es la expectativa. Antes, el título era casi una promesa lineal: estudias, entras a una empresa, subes escalones. Hoy esa ruta es mucho más fragmentada. Un joven puede estudiar ingeniería y vender por internet, ser politólogo y trabajar por proyecto, o egresar de arquitectura mientras arma un estudio pequeño por su cuenta. La carrera ya no define toda la vida laboral; ahora muchas veces sólo da herramientas para inventarla.
Y sí, hay un choque fuerte entre lo que paga más y lo que se estudia más
Uno de los hallazgos persistentes del IMCO es que no siempre coinciden las carreras con mejor sueldo y las carreras con más matrícula o más imaginario social. Eso genera una tensión muy mexicana: se sigue estudiando con esperanza de movilidad social, pero luego el mercado no siempre devuelve esa apuesta con ingresos suficientes o empleos acordes. Ahí es donde el changarro, la consultoría, el freelance o la venta por redes entran como escape. No necesariamente porque sean el sueño original, sino porque muchas veces son la vía más rápida para monetizar talento, tiempo o creatividad.

Deja una respuesta