Cada 17 de abril, México recuerda el aniversario luctuoso de Sor Juana Inés de la Cruz, una de las figuras más poderosas de la literatura en español. Pero además de su legado en los libros, la llamada Décima Musa también dejó huella en algo mucho más cotidiano: los billetes mexicanos. Durante décadas, su rostro no sólo circuló en aulas, bibliotecas o frases célebres, sino también en bolsillos, carteras y cajas registradoras.
Todo empezó con un Sor Juana de mil pesos
La primera gran aparición de Sor Juana en el papel moneda llegó en 1978, cuando protagonizó un billete de 1,000 pesos. Aquella pieza tenía una estética muy distinta a la actual: predominaban los tonos café rojizo y verde, y en el anverso la escritora aparecía enmarcada por una roseta concéntrica, un detalle que le daba un aire solemne, casi ceremonial. En el reverso se imprimió la fachada de la Plaza de Santo Domingo, uno de los espacios más emblemáticos del Centro Histórico capitalino. Era un billete que se sentía muy setentero, pero también muy clásico.
Después vino el billete que casi toda una generación recuerda
Años más tarde, Sor Juana volvió al dinero mexicano en lo que quizá fue su versión más popular durante mucho tiempo: el billete verde de 200 pesos, que comenzó a circular en 2008. Ese diseño ya colocaba a la escritora en una composición más narrativa: junto a ella aparecían libros, un tintero, dos plumas y una ventana que remitía al claustro, como si el billete quisiera decirle al usuario, sin rodeos, que estaba viendo a una mujer de letras. En el reverso figuraba el convento de San Jerónimo, el espacio inseparable de su memoria histórica.
El verde cambió, pero Sor Juana siguió ahí
Con el paso del tiempo, ese mismo universo visual se transformó. Otra versión del billete de 200 pesos mantuvo a Sor Juana como protagonista, pero con tonos verdes más brillantes y una imagen más definida de la autora, ahora portando un hábito eclesiástico que cubría el cuello. Uno de los detalles más finos de esa pieza era el fragmento de su medallón con la imagen de la Asunción, del que apenas se alcanzaba a ver la paloma asociada al Espíritu Santo. Ese tipo de elementos convirtió al billete en algo más que una herramienta de pago: era casi una pequeña cápsula iconográfica sobre la monja jerónima.
Y luego llegó el Sor Juana más elegante de todos
En noviembre de 2020, Banxico puso en circulación el actual billete de 100 pesos, y ahí Sor Juana volvió a cambiar de escala, de formato y de presencia. Esta pieza rompió con lo que muchos conocían porque adoptó un diseño vertical, algo poco común en el dinero mexicano de circulación masiva. En el anverso aparece Sor Juana junto con una viñeta del patio principal del Antiguo Colegio de San Ildefonso, una referencia arquitectónica que dialoga con la época colonial y con el universo intelectual novohispano. El resultado fue una pieza mucho más estilizada, moderna y visualmente llamativa.
No sólo gustó: terminó premiado
El nuevo billete de 100 pesos no pasó desapercibido. Su diseño fue tan bien recibido que terminó siendo reconocido como el “mejor billete del 2020” por la International Bank Note Society (IBNS). También cambió su material: en lugar de papel tradicional, fue elaborado en polímero, lo que permitió alargar considerablemente su vida útil. En otras palabras, Sor Juana no sólo regresó a los billetes; regresó en una de las piezas más celebradas del diseño monetario reciente.
Por eso Sor Juana también se recuerda en los billetes
En su aniversario luctuoso, Sor Juana no sólo vuelve a la conversación por sus poemas, su inteligencia o su lugar en la historia de las letras. También regresa como una imagen que acompañó por décadas la vida cotidiana de millones de personas. Del billete de 1,000 pesos al vertical de 100, su rostro cambió de colores, formatos y escenarios, pero mantuvo algo intacto: la capacidad de recordarnos que la cultura también puede pasar de mano en mano.

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