El mundo del pugilismo mexicano amaneció con una triste noticia que ha conmovido a toda la comunidad boxística. Eduardo Lamazón, reconocido cronista deportivo y exsecretario general del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), falleció a los 70 años de edad, dejando un legado imborrable en la historia del deporte de los puños en México.
Mejor conocido como «Lama Lamita» o simplemente «Lama», Lamazón se convirtió en una figura icónica del boxeo nacional gracias a su característico estilo narrativo, su pasión desbordante por el deporte y su icónico saludo de «¡Diez puntos!» que lo acompañó durante toda su carrera. Su voz se convirtió en sinónimo de las grandes noches de boxeo que se transmitían cada sábado por televisión abierta.
La noticia de su fallecimiento fue confirmada por sus compañeros de profesión, quienes no tardaron en expresar su dolor y compartir los recuerdos que atesoraban junto al legendario cronista. Carlos «El Zar» Aguilar, también comentarista de boxeo en TUDN, fue uno de los primeros en dar la noticia a través de sus redes sociales con un emotivo mensaje: «Con mucha tristeza informo la partida de Eduardo Lamazón. Un hermano que me dio esta vida en el boxeo. Mil gracias Lama Lamita por tu entrega conmigo, por tus grandes pláticas y nuestras noches bohemias de boxeo. Te extrañaré siempre».
Por su parte, el reconocido periodista David Faitelson también se unió a las condolencias, destacando la importancia de Lamazón en el ámbito boxístico nacional: «Una pena enterarme del fallecimiento de Eduardo Lamazón. Gran personaje del boxeo mexicano, secretario general del CMB junto a Don José Sulaimán. Un buen hombre, apasionado por el boxeo y el buen vino. QEPD».
La trayectoria de Eduardo Lamazón estuvo marcada por su cercanía con las leyendas del boxeo mexicano. Durante su tiempo como secretario general del Consejo Mundial de Boxeo, trabajó codo a codo con Don José Sulaimán, uno de los personajes más influyentes en la historia del boxeo mundial. Esta posición le permitió estar presente en los momentos más importantes del pugilismo nacional e internacional, desde las peleas de campeonato mundial hasta los eventos de promoción de nuevos talentos.
Sin embargo, fue su trabajo como cronista deportivo lo que lo convirtió en una figura querida por millones de mexicanos. Durante más de 50 años, Lamazón narró las noches de boxeo con un estilo único que combinaba conocimiento técnico, pasión genuina y un carisma innegable. Su forma de transmitir la emoción de cada combate hizo que incluso quienes no eran aficionados al boxeo se sintieran atraídos por sus transmisiones.
Uno de los aspectos más destacados de su personalidad era su profundo amor por México. Aunque no era mexicano de nacimiento, Lamazón siempre expresó su gratitud hacia el país que lo acogió durante más de cinco décadas. En un comunicado publicado en su cuenta de Instagram a manera de despedida, el cronista dejó un emotivo mensaje que refleja su conexión con la nación: «México no fue solamente el lugar donde desarrollé mi pasión por el boxeo; fue el país que me abrió sus puertas cuando más lo necesitaba, que me brindó oportunidades y me dio un hogar durante más de 50 años y, sobre todo, un sentido de pertenencia que marcó mi vida para siempre».
El mensaje de despedida, aparentemente preparado con anticipación, continuaba expresando su gratitud: «Desde mi llegada, encontré en esta tierra generosa no solo un espacio para crecer, sino también afecto, respeto y una calidez humana que difícilmente se olvida. Cada experiencia, cada palabra compartida y cada momento vivido quedan guardados con gratitud en mi memoria».
Lama Lamita también agradeció a su audiencia por años de sintonía: «Al público, gracias por escucharme cada sábado a través de su televisora favorita, así como por confiar y por permitirme formar parte de sus vidas a través de mi voz y mi trabajo. Gracias a la Televisora TV Azteca me llevo lo mejor de cada uno de ustedes: su cariño, su apoyo y las enseñanzas que solo ustedes pueden ofrecer».
El comunicado concluía con su característico optimismo: «Esto no es un final, sino una pausa en el camino. Porque cuando los lazos son verdaderos, las despedidas no existen, solo los reencuentros. ¡Diez puntos para todos ustedes!».
La partida de Eduardo Lamazón representa una pérdida irreparable para el periodismo deportivo mexicano. Su legado perdurará en la memoria de quienes crecieron escuchando sus narraciones, en las generaciones de cronistas que lo tomaron como referente y en la historia del boxeo nacional, donde su nombre estará siempre ligado a las épocas doradas del deporte de los puños en México.

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