Estados Unidos envió un plan de paz a Irán a través de Paquistán, pero Teherán lo rechazó de inmediato calificándolo de «excesivo e inaceptable», según reportes de medios estatales iraníes. El documento, transmitido por intermediación paquistaní, exigía el desmantelamiento total del programa nuclear iraní, el reconocimiento de Israel y la desmilitarización del estrecho de Ormuz, condiciones que el régimen de los ayatolás consideró una «capitulación disfrazada». En respuesta, Irán presentó su propio plan de alto al fuego, que incluye el retiro inmediato de todas las bases militares estadounidenses de Medio Oriente y el reconocimiento de la soberanía absoluta sobre Ormuz.
El plan estadounidense: demandas inaceptables para Teherán
El documento filtrado, que circulaba desde hace días por canales diplomáticos discretos, planteaba cinco condiciones principales para poner fin a la guerra iniciada el 28 de febrero: cerrar todas las instalaciones nucleares, reconocer a Israel como Estado judío, entregar el control del estrecho de Ormuz a una fuerza naval multinacional, pagar reparaciones por ataques a buques comerciales y disolver las milicias chiitas aliadas en Irak, Siria y Yemen. Fuentes iraníes lo describieron como «una rendición humillante», especialmente la demanda sobre Ormuz, ruta del 20% del petróleo mundial que Teherán considera su derecho histórico.
El uso de Paquistán como intermediario respondía a la relación de Islamabad con ambos bandos: aliado histórico de Washington, pero con lazos culturales y religiosos con Irán. Sin embargo, el rechazo fue inmediato y público, con el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní declarando que «no negociaremos bajo amenaza de bombas» y acusando a Trump de buscar una «victoria propagandística» antes de las elecciones legislativas de noviembre.
La contraoferta iraní: soberanía y retirada total
La respuesta de Teherán fue contundente: un plan de paz propio que exige el retiro completo de todas las bases militares de Estados Unidos en la región (desde Bahréin hasta Qatar), el fin del embargo económico, reconocimiento de la soberanía iraní sobre Ormuz y una zona de exclusión aérea permanente sobre su territorio. Irán también condicionó cualquier diálogo al cese inmediato de los ataques aéreos y ofreció garantías de no proliferación nuclear supervisadas por la ONU, pero sin inspecciones en sitios militares.
Medios estatales iraníes destacaron que la propuesta mantiene el derecho a la defensa propia y rechaza cualquier supervisión extranjera en aguas territoriales del Golfo Pérsico. El régimen ayatolá enfatizó que Ormuz «no es negociable», recordando que su control histórico data del siglo VII y que cualquier intento de internacionalizarlo sería considerado «una declaración de guerra permanente».
Reacciones encontradas en Washington
En Estados Unidos, el rechazo iraní generó divisiones. El equipo de Trump lo calificó de «predecible rechazo terrorista», mientras halcones como el senador Tom Cotton exigieron «más presión militar para forzar la capitulación». Por el contrario, figuras republicanas moderadas como Mitt Romney y demócratas como Chris Murphy aplaudieron el intento diplomático y pidieron negociaciones multilaterales con mediación de la ONU o Catar.
El petróleo reaccionó con volatilidad: el Brent subió 3.2% ante temores de escalada, mientras analistas advierten que un bloqueo prolongado de Ormuz podría disparar precios a 150 dólares por barril. Mercados asiáticos cerraron con pérdidas por incertidumbre energética.
¿Hacia una guerra prolongada?
La dupla de propuestas antagónicas deja el conflicto en un callejón sin salida diplomático. Trump enfrenta presión interna para mostrar resultados tras un mes de guerra costoso (estimado en 120 mil millones de dólares), mientras Irán resiste con ataques asimétricos que han dañado 15 buques comerciales y afectado el comercio global. Paquistán, atrapado en el medio, llamó a la «moderación de ambas partes» sin comprometer su rol de mediador.
Expertos dudan del éxito de canales indirectos, recordando el fracaso del Acuerdo Nuclear de 2015 tras la retirada de Trump en 2018. Con ambos lados atrincherados en posiciones irreconciliables, el riesgo de una guerra de desgaste en Ormuz aumenta, amenazando la estabilidad energética mundial.


Deja una respuesta