La inflación en México volvió a meter presión al gasto diario. En la primera quincena de marzo de 2026, el incremento anual de precios se ubicó en 4.63%, su nivel más alto para un arranque de quincena de marzo reciente y, además, por segunda lectura consecutiva por encima del rango objetivo de Banco de México, que es de 3% +/- 1 punto porcentual. El dato confirma que, aunque algunos indicadores macroeconómicos manden señales de estabilidad, en la calle la historia sigue siendo otra: comer cuesta más.
El golpe vino, sobre todo, por el lado de los alimentos frescos. De acuerdo con el INEGI, el componente no subyacente subió 1.96% quincenal y dentro de él las frutas y verduras se dispararon 8.34%. Entre los productos con mayor incidencia al alza estuvieron el jitomate, con un salto de 32.17%, el pollo, con 3.18%, y también el transporte aéreo, que aumentó 21.86%. Es decir: no se trata solo de un dato técnico para economistas; es el tipo de variación que se nota cuando una ida al mercado o al súper deja menos cambio en la cartera.
La señal preocupa porque el encarecimiento no se concentra únicamente en un rubro aislado. El propio reporte oficial señala que alimentos y bebidas no alcohólicas registraron una variación anual de 7.42%, mientras que la canasta de consumo mínimo avanzó 4.61% anual. En otras palabras, el aumento de precios ya no se siente solamente en consumos prescindibles, sino también en lo básico: lo que se pone todos los días sobre la mesa.
El dato sorprendió al mercado y mantiene abierta la discusión sobre el siguiente movimiento de Banxico. Con la inflación otra vez arriba del rango de tolerancia, el debate sobre un posible recorte a la tasa de interés se vuelve más delicado. Para millones de personas, sin embargo, la discusión no pasa por la política monetaria, sino por una pregunta mucho más simple: por qué cada quincena rinde menos.
En clave política y social, el dato también desmonta el discurso de que la inflación ya estaba completamente bajo control. Si bien algunos precios bajaron, como los paquetes de internet, telefonía y televisión de paga, el huevo y el servicio de internet, el balance general sigue siendo adverso para los hogares, particularmente cuando el alza se concentra en productos de consumo cotidiano. La inflación no siempre estalla en una sola gran crisis visible; a veces se instala de forma silenciosa, en el ticket del mercado, en la fonda, en la comida corrida y en el gasto hormiga que termina devorando el ingreso.
El dato de marzo deja una advertencia clara: el costo de vida sigue subiendo y el impacto se siente más en quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a comida, transporte y servicios básicos. La inflación puede leerse en gráficas, boletines y análisis financieros, pero su traducción real está en otra parte: en las familias que tienen que estirar la quincena mientras el jitomate, el pollo y otros productos siguen empujando los precios hacia arriba.


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