La 89 Convención Bancaria se convirtió en el escenario donde la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un doble reto al sistema financiero mexicano. Ante los principales representantes de la banca nacional e internacional, la mandataria no se guardó nada: exigió que los bancos aumenten el crédito al consumo y a las empresas, y al mismo tiempo los convocó a participar activamente en la transición energética del país, con inversiones concretas que permitan reducir la histórica dependencia de México hacia el gas natural. El mensaje fue directo y sin rodeos: el país necesita que la banca dé «todavía más».
La apertura de la convención, celebrada en Acapulco, Guerrero, permitió a Sheinbaum trazar con claridad el camino que espera que el sector financiero transite en los próximos años. La presidenta destacó que, si bien la banca ha mostrado solidez en indicadores como la cartera sana y la rentabilidad, el crédito como porcentaje del PIB en México sigue siendo notablemente bajo en comparación con otras economías latinoamericanas. «Les pedimos que aumenten el crédito: lo necesitamos para las familias, para las pequeñas empresas y para el crecimiento del país», señaló la mandataria ante los banqueros, según reportes de la convención.
Uno de los puntos más ambiciosos del discurso presidencial fue el llamado a la banca para financiar la diversificación de la matriz energética del país. Sheinbaum subrayó que México enfrenta una vulnerabilidad estratégica al depender en exceso del gas natural importado —en su mayoría proveniente de Estados Unidos—, lo que expone a la economía nacional a los vaivenes del mercado internacional y a posibles presiones geopolíticas. En ese sentido, la presidenta convocó al sector financiero a canalizar recursos hacia proyectos de energías renovables, como solar y eólica, que permitan construir una infraestructura energética más soberana y robusta.
El encuentro con los banqueros también sirvió como termómetro del estado de la economía nacional en medio de un entorno global complejo. La banca mexicana enfrenta el desafío de operar en un contexto marcado por la revisión del T-MEC, las presiones arancelarias del gobierno del presidente Donald Trump y la desaceleración económica que amenaza al país. A pesar de estos factores, el sistema bancario ha mantenido niveles saludables de capitalización, aunque los analistas coinciden en que la expansión del crédito productivo sigue siendo una deuda pendiente con el desarrollo económico de México.


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