Este viernes, la Secretaría de Educación Pública (SEP) se convirtió en el epicentro de la noticia política al confirmar la destitución de Marx Arriaga Navarro, quien hasta hoy se desempeñaba como titular de la Dirección General de Materiales Educativos. La dependencia federal anunció que el relevo oficial se dará a conocer el próximo 16 de febrero, poniendo fin a una gestión marcada por la controversia ideológica y la transformación radical de los libros de texto gratuitos. Sin embargo, lo que parecía un trámite burocrático escaló rápidamente a un enfrentamiento público.
Minutos antes del comunicado oficial, el propio Marx Arriaga utilizó sus redes sociales para denunciar que elementos de seguridad intentaban sacarlo de sus oficinas en el Centro Histórico. «Me están desalojando con policías», alertó el ex funcionario, generando una ola de reacciones inmediatas. La imagen de un alto directivo siendo presuntamente forzado a abandonar su despacho contrasta con la narrativa de institucionalidad que suele manejar la SEP, evidenciando una ruptura interna profunda y abrupta.
La SEP, por su parte, intentó matizar el incidente negando categóricamente que se haya tratado de un desalojo violento. Fuentes de la dependencia aseguraron que el procedimiento administrativo se llevó a cabo conforme a derecho y que la presencia de personal de seguridad obedece a protocolos estándar de entrega-recepción. No obstante, la versión de Arriaga sobre un trato hostil ha encendido las alarmas entre sus simpatizantes y críticos por igual, quienes ven en este acto un mensaje político contundente.
Arriaga Navarro, doctor en Filología Hispánica, fue una pieza clave en la llamada «Nueva Escuela Mexicana», impulsando cambios profundos en los contenidos educativos que le valieron tanto aplausos de la base magisterial afín a la 4T como críticas feroces de la oposición y expertos pedagógicos. Su salida no solo descabeza el área encargada de los libros de texto, sino que abre interrogantes sobre el futuro de la línea ideológica que la Secretaría de Educación mantendrá en lo que resta del sexenio.
Mientras se espera el nombramiento de su sucesor, el ambiente en las oficinas de República de Brasil es de incertidumbre. La destitución de un perfil tan mediático y polarizante como Arriaga sugiere un golpe de timón o, al menos, un intento de bajar la temperatura en uno de los frentes más calientes del debate público.


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