La economía mexicana logró esquivar el escenario de recesión y superó las previsiones de los analistas en 2025, al registrar un crecimiento anual del 0.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con la estimación oportuna del Inegi. Aunque el avance es modesto y representa el menor desempeño desde 2020, el dato quedó por encima de los pronósticos de bancos y casas de análisis, que anticipaban una expansión de entre 0.3 y 0.6 por ciento.
El cuarto trimestre de 2025 fue clave para evitar que la economía se estancara, pues el PIB creció 0.8 por ciento trimestral, su mejor ritmo desde mediados de 2024, y 1.6 por ciento a tasa anual, impulsado principalmente por las actividades terciarias (comercio y servicios) y el sector industrial. Según el Inegi, en el periodo octubre-diciembre las actividades secundarias y terciarias avanzaron 0.9 por ciento, mientras que las primarias —agricultura, ganadería y pesca— registraron una caída de 2.7 por ciento.
Con el 0.7 por ciento de crecimiento, la economía hiló su cuarto año consecutivo de desaceleración desde el rebote de 2021, cuando el PIB repuntó 5 por ciento tras el desplome por la pandemia. Analistas consultados por medios especializados advierten que el país opera por debajo de su potencial, calculado en torno a 2 por ciento anual, y muy lejos del promedio de 1.8 por ciento observado entre 2000 y 2018, lo que refleja un entorno de debilidad estructural, baja inversión y gasto público contenido.
Aun así, el resultado no fue una sorpresa para el gobierno federal: la Secretaría de Hacienda había estimado un rango de crecimiento de 0.5 a 1.5 por ciento, por lo que el dato de 0.7 por ciento se mantiene dentro de sus Criterios Generales de Política Económica. De hecho, el PIB terminó superando las previsiones de Citi (0.4 por ciento) y del propio Banco de México (0.3 por ciento), lo que algunos economistas atribuyen a la resiliencia del mercado interno y al dinamismo de ciertas ramas manufactureras y de servicios ligados a Estados Unidos.
De cara a 2026, la mayoría de las proyecciones apuntan a un crecimiento algo mayor, pero todavía moderado, en torno a 1.5-1.6 por ciento, lo que implicaría que México seguiría acumulando años de expansión por debajo de su promedio histórico. En ese contexto, la discusión económica se centra en cómo detonar mayor inversión, productividad y certidumbre regulatoria para convertir el ligero avance de 2025 en una ruta de crecimiento más sólido y sostenido, y no solo en un año que “salvó la estadística” por unas décimas.



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