Aunque el gobierno federal logró un acuerdo con gasolineros para fijar un “tope voluntario” de 28.50 pesos por litro al diésel, la realidad en varias regiones del país sigue contando otra historia: el combustible no deja de subir y en algunas zonas apartadas ya se vende cerca de los 31 pesos por litro. El diésel alcanzó 30.90 pesos en una estación de Mulegé, Baja California Sur, mientras que en Isla Mujeres, Quintana Roo, llegó a 30.50 pesos.
El contexto no es menor. Según la misma información, la presión sobre los precios responde al alza internacional del crudo, vinculada al conflicto bélico en Medio Oriente, lo que ha empujado al alza tanto al diésel como a la gasolina Premium. A nivel nacional, ambos combustibles promediaron este jueves 27.74 pesos y 28.70 pesos por litro, respectivamente.
La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que su gobierno está negociando para que el precio del diésel no rebase ese umbral de 28.50 pesos, aunque reconoció que incluso ese monto sigue siendo alto. La mandataria explicó que se trata de un acuerdo voluntario, no forzado, y sostuvo que el objetivo será seguir revisando el comportamiento del mercado mientras continúe el aumento del precio del petróleo.
En la Ciudad de México, el promedio reportado fue de 28.54 pesos por litro para el diésel y 28.12 pesos para la Premium, cifras que muestran que la presión también alcanza a la capital. En otros puntos turísticos o de alto consumo, los precios son todavía más agresivos: en Puerto Vallarta, la Premium llegó a 30.42 pesos, mientras el diésel se vendió hasta en 30.29 pesos; en San Pedro Garza García, Nuevo León, el diésel alcanzó también los 30.29 pesos.
El tema pega directo a la economía cotidiana, porque el diésel no solo mueve camiones de carga: también impacta el transporte de pasajeros, la distribución de mercancías y, en cadena, el precio final de muchos productos. Por eso no sorprende que, al mismo tiempo, el gobierno federal ya esté evaluando meter al Pacic productos como jitomate, limón y pollo, ante el repunte en sus precios. Sheinbaum informó que ya planteó el tema a la Secretaría de Hacienda para revisar esa posibilidad con productores.
En otras palabras: el tope ya está sobre la mesa, pero el mercado todavía no se disciplina del todo. Y mientras el diésel siga subiendo en puntos estratégicos del país, el impacto no se quedará solo en las gasolineras: terminará reflejándose en el costo de mover, vender y comprar prácticamente todo.


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