En el aniversario luctuoso de Josefa Ortiz de Domínguez, vale la pena recordar que la Independencia de México no comenzó solo con un cura levantando un estandarte, sino también con una mujer decidida que, desde su casa en Querétaro, hizo lo impensable: desafiar al poder virreinal y alertar a los insurgentes del peligro inminente. Sin ese aviso, la historia pudo ser muy distinta.
Más que “la esposa del corregidor”
Nacida en 1768 en Valladolid (hoy Morelia), Josefa Ortiz quedó huérfana a temprana edad y fue educada en el Colegio de San Ignacio de Loyola, conocido como “Las Vizcaínas”, en la Ciudad de México. En una época en la que la educación femenina era limitada, ella tuvo acceso a formación académica sólida, algo poco común en el siglo XVIII.
Se casó con Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro, lo que la colocó en una posición estratégica. Desde ahí participó activamente en las reuniones conspirativas que buscaban la Independencia. No fue espectadora: fue pieza clave.
El famoso aviso que lo cambió todo
En septiembre de 1810, cuando la conspiración fue descubierta por las autoridades, Josefa fue encerrada en su habitación para impedir que alertara a los insurgentes. Pero logró enviar el mensaje a Ignacio Pérez, quien cabalgó hasta Dolores para avisar a Miguel Hidalgo.
Ese acto detonó el inicio del movimiento insurgente. En términos simples: sin ese aviso, el Grito de Dolores probablemente no habría ocurrido en ese momento.
La mujer que enfrentó prisión por sus ideas
Tras el estallido del movimiento, Josefa Ortiz fue arrestada en varias ocasiones. Pasó tiempo en conventos y cárceles por su participación. No pidió indulto ni negó sus ideales.
Dato clave: fue considerada una de las mujeres más peligrosas para el virreinato, no por armas, sino por convicción y valentía política.
Rechazó privilegios tras la Independencia
Cuando México logró su Independencia, se le ofrecieron honores y reconocimientos. Sin embargo, rechazó cargos y privilegios, argumentando que había luchado por la libertad, no por recompensas personales.
Murió el 2 de marzo de 1829 en la Ciudad de México, dejando un legado que trasciende el relato escolar.
Datos que no siempre te cuentan
- Fue madre de 14 hijos.
- Participó activamente en tertulias políticas, algo poco habitual para mujeres de su época.
- Es conocida como “La Corregidora”, pero su papel fue mucho más que el título.
- Su nombre completo era María Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón.
Más que una figura decorativa en los libros de historia, fue una mujer con agencia política en un sistema que buscaba silenciarla.
Un legado vigente
En pleno siglo XXI, su historia sigue resonando. Josefa Ortiz representa la voz que se atreve a hablar cuando todo parece estar en contra. En una ciudad como la CDMX, donde se concentran debates políticos y sociales del país, su figura sigue siendo símbolo de resistencia y participación.
Recordarla no es solo un acto protocolario: es reconocer que la Independencia también tuvo rostro femenino.

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