Irán cumplió dos semanas consecutivas de protestas masivas contra el régimen de la República Islámica, en una ola de movilizaciones que ha dejado al menos 500 personas muertas y más de 10 mil 600 detenidas, según la organización de derechos humanos HRANA y otros grupos de monitoreo. Las manifestaciones, detonadas por la crisis económica, el desplome de la moneda, la escasez y el encarecimiento de productos básicos, se han extendido a más de 100 ciudades y se desarrollan en medio de un apagón casi total de internet que ya supera las 72 horas en algunas regiones.
En ciudades como Teherán, Mashhad, Isfahán y Shiraz, miles de personas han salido cada día y, sobre todo, cada noche a las calles para exigir el fin del régimen teocrático, más libertades y la salida del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Videos verificados por medios internacionales y grupos de derechos humanos muestran enfrentamientos con fuerzas de seguridad, uso de munición real, gases lacrimógenos y golpizas, mientras organizaciones como HRANA cifran en casi 500 los manifestantes muertos y varios decenas de policías y miembros de la Guardia Revolucionaria caídos.
Ante las denuncias de represión, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha elevado el tono y aseguró que Washington está “listo para intervenir” si el régimen iraní continúa asesinando manifestantes. El mandatario afirmó que recibe “informes cada hora” sobre la situación y advirtió que, si Teherán mantiene la represión masiva, “tendrá que pagar un precio muy alto”, en referencia a una posible “operación militar especial” similar a la ejecutada en Venezuela.
Las amenazas de Trump llevaron al gobierno iraní a enviar señales mixtas. El viceministro de Exteriores Abás Araqchi declaró que Irán “no busca la guerra, pero está totalmente preparado para una guerra”, al tiempo que subrayó que el país también está “listo para negociar”, siempre que se trate de “negociaciones justas, con igualdad de derechos y respeto mutuo”. El canciller confirmó que los canales de comunicación con Estados Unidos siguen abiertos y que hay intercambio de mensajes “cuando es necesario”, pese a la escalada retórica.
Trump, por su parte, dijo a periodistas que “Irán llamó y quiere negociar” tras las amenazas de intervención, y reveló que “se está preparando una reunión” para discutir tanto la represión a las protestas como las diferencias en materia nuclear y de seguridad regional. El presidente adelantó que el próximo martes se reunirá con su gabinete de seguridad y altos funcionarios para evaluar las posibles acciones de Estados Unidos frente a la crisis iraní, en lo que será la primera discusión formal sobre una eventual respuesta militar.
Mientras tanto, el régimen iraní ha advertido que tomará represalias si sus bases o instalaciones militares son atacadas, e incluso ha amenazado con golpear objetivos estadounidenses en la región. Analistas internacionales consideran que el escenario es altamente volátil: por un lado, la presión interna con cientos de muertos y miles de detenidos; por otro, la presión externa de un Washington que combina amenazas de fuerza con la posibilidad de una negociación, y de un Teherán que dice estar listo tanto para la guerra como para el diálogo.



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