La Selección Mexicana de Fútbol inscribió su nombre en letras de oro dentro de la historia de las copas del mundo al concretar una fase de grupos perfecta e inédita. En un pletórico Estadio Azteca, que albergó a poco más de 80 mil aficionados, el conjunto dirigido por Javier Aguirre superó con un contundente marcador de 3-0 a su similar de Chequia, permitiendo que el combinado azteca cierre la primera ronda del torneo con un pleno de nueve unidades, una marca jamás alcanzada por el balompié nacional en la historia de la justa internacional.
De la tensión en el Coloso de Santa Úrsula al estallido tricolor
Desde el silbatazo inicial, el cuadro local buscó imponer condiciones sobre el terreno de juego, controlando la posesión del esférico a pesar de tener la clasificación matemática asegurada en el bolsillo. Sin embargo, la escuadra europea dio los primeros avisos de peligro de cara al marco nacional; al minuto 7, Denis Višinský conectó un peligroso remate cruzado que rozó el poste izquierdo del guardameta Raúl Rangel, y posteriormente, al minuto 15, Pavel Šulc provocó otro susto en la grada mediante un disparo de media distancia. La ofensiva de México intentó responder a los embates mediante un zapatazo elevado de Edson Álvarez y una espectacular chilena ensayada por Israel Reyes que se marchó desviada del arco rival.
La recta final de la primera mitad atravesó minutos de profunda incertidumbre y baja intensidad en las transiciones de la media cancha. Tras un par de aproximaciones imprecisas por parte de Jorge Sánchez y Roberto Alvarado, la frustración de la tribuna se hizo notar con la aparición del grito homofóbico en los despejes de la portería europea, situación que provocó que el partido de México se fuera al descanso intermedio bajo un sonoro abucheo de los fanáticos. Para el complemento, la postura táctica de la escuadra nacional cambió de forma radical, encontrando la llave para destrabar las líneas y generar el ansiado volumen de juego en campo contrario.
La detonación del júbilo en el imponente inmueble de la capital mexicana ocurrió al minuto 55, cuando Luis Romo recuperó un esférico en el círculo central y filtró un pase preciso para Mateo Chávez, quien se quitó con elegancia la marca defensiva para cruzar su disparo y marcar el 1-0 que inauguró la pizarra. Con la presión liberada y una Chequia completamente desordenada, la ventaja se incrementó al minuto 61 tras un grave error del portero Matěj Kovář en la salida; el lateral Jorge Sánchez peleó un balón dividido y Julián Quiñones aprovechó el obsequio para empujar la pelota al fondo de las redes, firmando el 2-0 provisional para el Tri.
Homenaje a Guillermo Ochoa y goleada histórica en el tiempo agregado
El trámite del encuentro también sirvió como escenario para el reconocimiento de las leyendas nacionales en el fútbol internacional. Al minuto 78, el director técnico Javier Aguirre ordenó la modificación en la portería, permitiendo la salida del guardameta titular para otorgarle el ingreso formal a Guillermo Ochoa. La tribuna del coloso capitalino se rindió por completo en una ovación unánime hacia el experimentado arquero, coreando su nombre en medio de un ambiente festivo musicalizado por el tradicional «Cielito Lindo».
La cereza del pastel que selló el triunfo definitivo llegó en el tiempo de compensación, al minuto 90+2. Tras un potente disparo de Santiago Giménez atajado por el guardameta, el mediocampista naturalizado Álvaro Fidalgo se encontró con el esférico para acomodar una definición soberbia al ángulo superior del marco, decretando el 3-0 final. Con esta victoria inapelable, la Selección Mexicana de Fútbol cerró de forma imbatible sus compromisos dentro del Grupo A, despidiéndose de su afición local con el liderato de grupo absoluto y reportándose lista para encarar la ronda eliminatoria de los dieciseisavos de final en la máxima competencia deportiva.


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