Sismo de 6.5 grados en la Ciudad de México: guía para preparar tu mochila de emergencia

El sismo de magnitud 6.5 que se sintió la mañana de este 2 de enero en la Ciudad de México, con epicentro en Guerrero, recordó de golpe la importancia de contar con una mochila de emergencia (o Mochila de Vida) lista y actualizada. Aunque la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil (SGIRPC) y la jefa de Gobierno reportaron sin daños estructurales mayores en la capital, sí se registraron cortes de energía, caída de árboles y semáforos, evacuaciones y crisis nerviosas, sobre todo en zonas de suelo blando. En ese contexto, autoridades federales y capitalinas insistieron en que la preparación ciudadana sigue siendo clave para reducir riesgos en próximos eventos.

Más allá de la imagen del “kit apocalíptico”, especialistas recuerdan que la Mochila de Vida no está pensada para sobrevivir al fin del mundo, sino para darte claridad, rapidez y algo de autonomía en las primeras horas de una crisis, cuando hay confusión, posibles réplicas, cortes de luz o fallas en la red celular. La premisa es simple: el verdadero superpoder no será estar conectado, sino estar preparado para cuando no lo estés. Por ello, la SGIRPC y organismos como Cenapred e ISSSTE recomiendan tener un morral ligero, siempre a la mano, con lo esencial para al menos 72 horas.

La Mochila de Vida oficial que sugiere la SGIRPC incluye, como mínimo: agua y comida enlatada para las primeras 72 horas; un kit básico de primeros auxilios y tus medicamentos de uso continuo; silbato y encendedor; respaldo digital de documentos importantes en una USB; radio de pilas; papel higiénico, cobija ligera, muda de ropa e impermeable; copia de llaves de casa y auto; dinero en efectivo; batería externa y pila recargable para celular; pluma y libreta con teléfonos de emergencia; cepillo y pasta de dientes; cubrebocas y gel antibacterial. Esta base busca cubrir tres frentes: salud, comunicación y abrigo/higiene, asumiendo que servicios como agua, cajeros o energía pueden fallar temporalmente.

Una versión más “geek” y resiliente de la Mochila de Vida, alineada con las recomendaciones de protección civil pero pensada para entornos urbanos altamente conectados como la CDMX, pone el foco en la energía y la redundancia tecnológica. A lo esencial se sugiere agregar battery packs de alta capacidad (idealmente mayores a 20,000 mAh), linternas recargables por USB, cables cortos y reforzados, un mini cargador solar plegable o power bank con dinamo y un adaptador multi‑USB con enchufe universal, para aprovechar cualquier fuente de energía disponible. La lógica es simple: con el celular y una fuente de carga confiable, se pueden consultar mapas offline, comunicarse cuando la red lo permita y acceder a información crítica, sin depender de enchufes fijos.

También se recomienda pensar en la desconexión como escenario probable: un USB cifrado con copias de identificaciones, contactos de emergencia, mapas offline, pólizas, recetas médicas y un checklist familiar, junto con un código QR impreso dentro de la mochila que lleve a esa misma información en la nube, por si el dispositivo físico falla. A ello se pueden sumar audífonos alámbricos (más confiables cuando falla el Bluetooth), un termómetro digital pequeño, un oxímetro ligero, una navaja suiza, libreta resistente al agua con plumón indeleble y una lista impresa de contraseñas críticas, cuidadosamente resguardada. Todos estos elementos apuntan a una idea central: no acumular gadgets, sino construir una mochila pensada para funcionar incluso cuando la tecnología deje de hacerlo por momentos.

Un punto clave tras el sismo de 6.5 es que la Mochila de Vida debe ser personalizada: incorporar copias de estudios médicos, inhaladores, insulina u otros medicamentos específicos, alimentos adecuados si hay niñas, niños o personas adultas mayores en casa, así como datos de puntos de reunión familiares y rutas de evacuación. Autoridades de protección civil recomiendan revisar el contenido al menos dos veces al año, actualizar teléfonos y documentos, verificar caducidades y realizar ejercicios en familia para que todos sepan dónde está la mochila, quién la toma y qué hacer si el sismo ocurre cuando no están juntos. Prepararla hoy, mientras la emergencia todavía está fresca en la memoria, puede ser la diferencia en la próxima alarma.

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