El supuesto caso de la “tamalera justiciera” de Tepito, que habría envenenado a 12 presuntos extorsionadores de la Unión Tepito, se ha vuelto viral en redes sociales, pero hasta ahora solo se sostiene en publicaciones de portales poco conocidos, videos en Facebook, Instagram y cadenas en plataformas digitales, sin confirmación oficial de la Fiscalía de la CDMX ni de una autoridad de seguridad capitalina. De acuerdo con estas versiones, la mujer —identificada como Rosa García— habría sido detenida y enfrentaría cargos por homicidio múltiple, con una supuesta sentencia de hasta 180 o 200 años de prisión, datos que no aparecen en comunicados ni registros públicos verificables.
En los contenidos virales se afirma que Rosa, cansada de pagar “renta” o “piso” de 1,200 pesos semanales a integrantes de la Unión Tepito, decidió envenenar tamales que luego habrían consumido al menos 12 miembros del grupo delictivo, provocándoles la muerte por intoxicación alimentaria. Historias difundidas en videos y notas replicadas entre sí detallan incluso que la mujer habría utilizado una sustancia altamente tóxica mezclada con la masa, y que las autoridades habrían detectado un “patrón” de muertes de extorsionadores en pocas semanas en la colonia Morelos.
Sin embargo, al revisar la información disponible, no hay boletines, fichas oficiales, reportes de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México ni comunicados de la Secretaría de Seguridad Ciudadana que confirmen un operativo, una carpeta de investigación, detenciones o procesamientos vinculados a una vendedora de tamales acusada de envenenar a extorsionadores en Tepito. La mayoría de los portales que han retomado el tema citan como base los mismos videos virales y no ofrecen documentos judiciales, números de expediente, audiencias o datos verificables de tribunal, lo que refuerza la posibilidad de que se trate de un relato ficcional o fuertemente exagerado.
Los videos más compartidos presentan el caso con un tono de crónica dramatizada, con descripciones minuciosas sobre cómo se habrían preparado los tamales, detalles de los supuestos síntomas de envenenamiento y hasta personajes apodados “el chino”, “trompas” o “culiche”, elementos narrativos que se repiten calcados entre plataformas. En varias publicaciones se observa música de fondo, montaje de imágenes y lenguaje propio de contenido de entretenimiento, más cercano a un podcast de “true crime” o relato de ficción basado en el ambiente del barrio de Tepito, que a una nota sustentada en fuentes oficiales o periodísticas consolidadas.
Aun así, el tema ha generado debate social. En comentarios y reacciones se mezclan mensajes de aplauso a una supuesta “justiciera”, expresiones de hartazgo por la extorsión a comerciantes y advertencias de usuarios que recuerdan que el homicidio no es una forma legítima de defensa y que este tipo de historias pueden romantizar la violencia. Especialistas y comunicadores que han retomado el caso en redes llaman a no compartir sin verificar, recordar que muchos relatos virales sobre crimen organizado en México se construyen con fines de morbo, propaganda o desinformación, y subrayan la importancia de esperar confirmación institucional y trabajo periodístico riguroso antes de asumir estos episodios como hechos comprobados.
En este contexto, el llamado es a mirar el caso de la “tamalera de Tepito” como un ejemplo de cómo una historia puede escalar en redes sin respaldo documental, más que como un hecho ya probado. Hasta que no exista información oficial, expedientes públicos o investigaciones periodísticas con fuentes directas, el relato de la vendedora que envenenó a extorsionadores de la Unión Tepito debe considerarse, al menos, no verificado, y abordarse con la misma cautela crítica que otros fenómenos de viralización y justicia por mano propia que circulan en el ecosistema digital.



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