Cada 10 de mayo, México celebra a las madres con flores, festivales, comidas y frases bonitas. Pero detrás del homenaje hay una realidad mucho más pesada: las madres mexicanas siguen siendo el verdadero sostén de millones de familias, no sólo en lo emocional, sino también en lo económico, lo doméstico y lo cotidiano. En muchísimos hogares, ellas trabajan, organizan, cuidan, resuelven, acompañan y todavía terminan cargando con tareas que casi siempre se dan por hechas.
La famosa “doble jornada” muchas veces ya se quedó corta
Hablar de madres en México ya no alcanza con mencionar la doble jornada. Para una gran cantidad de mujeres, lo que existe es más bien una doble o hasta triple carga: empleo remunerado, trabajo doméstico y trabajo de cuidados. Los datos más recientes muestran que en 2024 las mujeres en México tuvieron un tiempo total de trabajo —remunerado y no remunerado— de 61.1 horas semanales, mientras que también dedicaron en promedio 39.7 horas a trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, muy por encima de los hombres, que destinaron 18.2 horas a esas tareas. Dicho sin rodeos: ellas siguen poniendo mucho más tiempo para que la vida funcione.
Las madres que trabajan fuera de casa no dejan de trabajar dentro de ella
Uno de los grandes engaños sociales es pensar que cuando una madre sale de la oficina, del negocio o del empleo formal, “ya terminó su jornada”. En la práctica, muchas llegan a casa a preparar comida, revisar tareas, atender adultos mayores, organizar gastos, limpiar, lavar, estar pendientes de citas médicas y seguir administrando emocionalmente a la familia. En la Ciudad de México, por ejemplo, las cifras oficiales muestran que las jefas de hogar ocupadas que además realizan labores del hogar y cuidados registran en promedio 79.2 horas semanales destinadas a ese conjunto de responsabilidades. Eso no suena a homenaje: suena a agotamiento estructural.
Las amas de casa también trabajan, aunque durante años se les haya querido borrar
Otra deuda vieja está en cómo se mira a las mujeres que no tienen un empleo formal porque están dedicadas al hogar. Durante décadas se les etiquetó como si “no trabajaran”, cuando en realidad sostienen una parte central de la economía familiar y del bienestar cotidiano. Cocinar, limpiar, administrar la casa, cuidar infancias, acompañar enfermedades, ordenar horarios y resolver emergencias no es ausencia de trabajo: es trabajo no remunerado. Y justo ahí está uno de los grandes pendientes del país: reconocer que las amas de casa no “ayudan”, sino que hacen funcionar la vida doméstica todos los días.
Las cuidadoras cargan con una parte del sistema que el Estado no cubre completo
Cuando se habla de madres mexicanas también hay que hablar de cuidadoras. Muchas no sólo están al frente de hijas e hijos, sino también de personas mayores, personas con discapacidad o familiares enfermos. Ese trabajo, que suele hacerse sin salario, sin descanso suficiente y con poca red de apoyo, tapa huecos que deberían cubrir de mejor forma los sistemas públicos de cuidado. En México, la propia conversación institucional sobre cuidados ha insistido en que estas tareas han recaído históricamente en las mujeres y que redistribuirlas es clave para reducir desigualdad. El problema es que mientras eso no ocurra a gran escala, las madres seguirán resolviendo en silencio lo que el país todavía no termina de organizar.
No todas viven la maternidad desde el mismo lugar, pero la desigualdad sí atraviesa a muchas
Claro que no existe una sola experiencia de maternidad. No es lo mismo una madre con red de apoyo, ingresos estables y servicios de cuidado que una madre trabajadora informal, jefa de hogar o responsable única de su familia. Pero incluso con esas diferencias, hay algo que se repite: la organización de los cuidados sigue descansando de manera desproporcionada en ellas. ONU Mujeres ha señalado que la carga de trabajo no remunerado limita la permanencia y desarrollo de las mujeres en el mercado laboral, y también afecta su ingreso, su tiempo libre y sus posibilidades de autonomía. Por eso, detrás de la imagen de la “mamá que puede con todo”, muchas veces lo que hay es una estructura que se recarga sobre ella porque no encontró otra forma más justa de repartirse.
Las madres mexicanas no sólo son el corazón del hogar: también son su columna vertebral
Hay una verdad difícil de discutir: las madres mexicanas son uno de los principales motores de la vida familiar y social. Trabajen en oficina, en comercio, en casa, en el cuidado de otras personas o en todo al mismo tiempo, su papel sigue siendo central. Por eso, en este Día de las Madres, el reconocimiento más justo no es sólo decir que son “lo máximo”, sino entender que sostienen muchísimo más de lo que se les paga, se les agradece o se les reparte. No sólo cuidan a la familia: muchas veces cargan con una parte entera del país.

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