La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó este 14 de abril que exista una razón real para aumentar el precio de la tortilla, uno de los alimentos básicos en la dieta de millones de familias mexicanas. Durante la mañanera, aseguró que los granos de maíz se mantienen en niveles bajos y fue enfática al sostener que no hay justificación para encarecer el producto.
La mandataria dijo que, tras escuchar versiones sobre un posible aumento, pidió a su equipo entrar en contacto con actores de la cadena productiva y comercial para revisar el tema. Su mensaje fue directo: el gobierno no observa condiciones técnicas ni de mercado que expliquen un alza y, por lo tanto, buscará contener cualquier incremento que no esté sustentado.
En esa misma línea, el gobierno federal reforzó la idea de que el precio de la tortilla debe mantenerse estable dentro del Acuerdo Nacional Maíz-Tortilla. Además, se subrayó que tanto productores como harineras y representantes de la industria han asumido compromisos para evitar variaciones injustificadas y avanzar, cuando las condiciones lo permitan, hacia una reducción gradual en los precios.
El posicionamiento no es menor, porque la tortilla no solo es un alimento simbólico en México; también es uno de los productos que más rápido impactan la percepción de carestía en los hogares. Cuando sube su precio, el golpe se siente de inmediato en el gasto diario, sobre todo entre las familias que destinan una mayor parte de su ingreso a la alimentación básica. La reacción de Palacio Nacional busca justamente cortar de raíz esa alerta.
También se informó que la Profeco mantiene monitoreo permanente en 603 tortillerías del país mediante el programa Quién es Quién en los Precios, con el objetivo de vigilar el cumplimiento de los acuerdos y detectar posibles abusos. La postura oficial es que no solo se trata de desmentir rumores, sino de cerrar espacio a aumentos arbitrarios que terminen afectando el poder adquisitivo de la población.


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