El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se plantó abiertamente ante el presidente estadounidense Donald Trump al negar el uso de las bases militares de Rota y Morón para los ataques contra Irán, alegando que la ofensiva no tiene respaldo legal internacional y puede resultar “desastrosa” para la estabilidad global. La decisión, inédita en décadas de cooperación militar con Washington, ha desatado una crisis diplomática y una dura respuesta de Trump, quien amenazó con “cortar todo el comercio con España” y calificó al país europeo como un “aliado terrible”.
España veta el uso de Rota y Morón para la guerra contra Irán
El gobierno español confirmó que no autorizará que Estados Unidos utilice las bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) para operaciones vinculadas a la ofensiva contra Irán, amparándose en el Convenio de Cooperación para la Defensa, que exige autorización previa de España para cualquier uso que exceda lo pactado. La ministra de Defensa, Margarita Robles, detalló que, tras la negativa, el Pentágono comenzó a retirar una docena de aviones cisterna KC‑135 desplegados en esas instalaciones, esenciales para reabastecer en vuelo a los cazabombarderos estadounidenses.
Sánchez, respaldado por los ministros de Exteriores y Defensa, sostiene que la operación en Irán no cuenta con mandato de Naciones Unidas ni aval del Parlamento español, por lo que su apoyo militar sería incompatible con el marco jurídico y con la posición tradicional de España en política exterior. El Ejecutivo también considera que la estrategia de Trump frente a Irán se está impulsando “a la desesperada, sin medir las gravísimas consecuencias”.
El “no a la guerra” y la respuesta de Trump
En una declaración pública, Sánchez reiteró un rotundo “no a la guerra” y afirmó que España “no participará ni directa ni indirectamente” en la ofensiva contra Irán, insistiendo en que el camino debe ser el diálogo y la diplomacia. Aseguró además que defenderá esta postura en el seno de la Unión Europea y la OTAN, aunque otros socios como Francia, Reino Unido y Alemania han mostrado un apoyo más matizado a la operación.
Trump reaccionó con dureza desde la Casa Blanca, donde, acompañado del canciller alemán Friedrich Merz, acusó a España de ser un “socio terrible” de la OTAN, criticó su bajo gasto en defensa y advirtió que tiene “derecho a detener todo lo que tenga que ver con España, hacer embargos y cortar todo el comercio”. También afirmó que “nadie” puede impedir a Estados Unidos usar las bases, aunque en la práctica el acuerdo bilateral obliga a contar con autorización española.
Reacción de Israel y tensiones dentro de la UE
La postura española ha irritado también a Israel, cuyo gobierno cargó contra Sánchez por su negativa a alinearse con la ofensiva, cuestionando que esa sea la forma de estar “del lado correcto de la historia”. Tel Aviv considera que la operación contra Irán forma parte de su estrategia de autodefensa frente a amenazas existenciales, mientras que el Ejecutivo español insiste en que el uso de la fuerza debe ajustarse al derecho internacional y contar con mayor respaldo multilateral.
Dentro de la Unión Europea, la Comisión y varios Estados miembros han intentado rebajar la tensión y han enviado el mensaje de que cualquier medida comercial de Washington contra España afectaría también al conjunto del bloque, dado que los acuerdos se negocian de forma conjunta. Bruselas ha advertido que está “preparada para reaccionar” si Trump concreta amenazas de embargo o ruptura comercial, defendiendo la integridad del mercado único.
Riesgos y cálculo político de Sánchez
Analistas coinciden en que Sánchez ha optado por una apuesta arriesgada, al asumir posibles represalias económicas y políticas de Estados Unidos, pero reforzando su imagen interna como defensor del pacifismo y la legalidad internacional, en un país con memoria muy viva de las movilizaciones contra la guerra de Irak en 2003. El gobierno español confía en que el tiempo y el escrutinio internacional terminen demostrando que la ofensiva contra Irán será “desastrosa” y que España se situó del lado del derecho internacional.
Mientras tanto, la crisis abre interrogantes sobre el futuro de la cooperación militar entre Madrid y Washington, el papel de España dentro de la OTAN y el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo, donde otros actores, como Marruecos, buscan ganar peso ofreciendo sus propias bases y puertos a Estados Unidos. La tensión también podría impactar negociaciones comerciales, de seguridad e inteligencia, en un momento de alta volatilidad geopolítica global.


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