Pakistán bombardeó este viernes la capital de Afganistán, Kabul, y otras ciudades del país, y su ministro de Defensa declaró que su país entra en una fase de “guerra abierta” contra el gobierno talibán. La escalada militar marca el choque más grave entre ambos vecinos desde el regreso de los talibanes al poder en 2021 y se produce tras semanas de ataques cruzados y denuncias mutuas sobre el amparo a grupos insurgentes en la frontera compartida.
Bombardeos sobre Kabul y ciudades clave
Según el gobierno de Islamabad, las fuerzas armadas paquistaníes lanzaron bombardeos aéreos contra “objetivos militares” en Kabul, Kandahar y la provincia de Paktia, dirigidos —afirman— contra campamentos de talibanes afganos y combatientes considerados “terroristas”. Medios internacionales y testigos reportaron explosiones y columnas de humo en distintos puntos de la capital, incluyendo al menos un depósito de municiones atacado en Kabul, mientras la radiotelevisión paquistaní habló de impactos en arsenales similares en Kandahar.
El Ejército de Pakistán elevó a unos 275 los combatientes talibanes y “terroristas” muertos por su ofensiva aérea de las últimas horas, en contraste con las cifras difundidas por Kabul, que asegura haber causado también decenas de bajas paquistaníes en contraataques recientes. En la frontera se han registrado además operaciones terrestres contra puestos militares y depósitos de armas, según fuentes de seguridad paquistaníes.
“Nuestra paciencia ha llegado al límite”: Islamabad
El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, fue el encargado de oficializar el nuevo nivel de confrontación al declarar que “a partir de ahora, es la guerra abierta entre nosotros y ustedes”, en un mensaje difundido en la red X y replicado por medios internacionales. El gobierno de Islamabad sostiene que estos ataques son una “respuesta adecuada” a lo que califica como “agresiones no provocadas” de las fuerzas afganas contra tropas paquistaníes en la frontera.
Pakistán acusa desde hace meses al régimen talibán de permitir la operación en su territorio del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) —conocidos como talibanes paquistaníes— y de células del Estado Islámico de Jorasán (ISKP), a las que responsabiliza de atentados suicidas y ataques armados en provincias como Bajaur. Islamabad afirma que sus bombardeos apuntan a “campamentos y escondites terroristas” usados para planear esas agresiones.
La respuesta talibán y el riesgo de escalada
Del lado afgano, el principal portavoz del gobierno talibán, Zabihullah Mujahid, confirmó los bombardeos sobre Kabul y otras regiones, pero aseguró que no se han reportado víctimas civiles en la capital y que las fuerzas de su país han respondido con ataques a gran escala contra posiciones del Ejército paquistaní. Kabul afirma haber lanzado operaciones aéreas y con drones contra cuarteles y puestos militares en el lado paquistaní, que habrían dejado decenas de soldados muertos, heridos y capturados, cifras que Islamabad no reconoce.
El gobierno talibán también denunció ante la ONU que los ataques previos de Pakistán en provincias como Nangarhar y Paktika causaron la muerte de al menos una decena de civiles, incluidos menores de edad, y acusa a Islamabad de violar la soberanía afgana. Fuentes talibanas han señalado, no obstante, que estarían “abiertas al diálogo” para evitar que el conflicto derive en una guerra mayor entre dos países con larga frontera y profundo vínculo económico.
Preocupación internacional y llamado a la calma
La ONU expresó su “profunda preocupación” por la violencia y llamó a “calma y máxima contención” a ambas partes, ante el riesgo de una escalada regional en Asia del Sur. Organismos internacionales advierten sobre el impacto potencial en población civil desplazada, crisis humanitaria y seguridad fronteriza, en una zona ya afectada por años de guerra, pobreza y presencia de grupos extremistas.
Analistas señalan que esta “guerra abierta” formaliza un conflicto que llevaba meses gestándose a base de bombardeos puntuales, ataques cruzados y acusaciones diplomáticas, y subrayan que, aunque ninguno de los dos gobiernos parece buscar una guerra total, la dinámica de represalias podría ser difícil de controlar. En el trasfondo, persisten disputas históricas sobre la Línea Durand, la frontera trazada en época colonial que Kabul nunca ha reconocido plenamente.


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