El zar fronterizo de la Casa Blanca, Tom Homan, confirmó el fin de la Operación Metro Surge en Minnesota, el polémico despliegue del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) que durante poco más de dos meses dejó más de 4 mil personas detenidas y al menos dos ciudadanos estadounidenses muertos en distintos incidentes con agentes federales. Homan aseguró que la decisión fue avalada por el presidente Donald Trump y que, aunque se retiran cientos de efectivos, el gobierno “no está retrocediendo” en la aplicación de las leyes migratorias, sino pasando a una fase “más focalizada”.
Según el propio Homan, la operación —centrada en el área metropolitana de Minneapolis–St. Paul— fue un “éxito al detener amenazas a la seguridad pública”, gracias a una “coordinación sin precedentes” con autoridades estatales, cárceles y departamentos de policía locales. La Casa Blanca ha presentado el saldo de más de 4,000 arrestos como un “logro histórico”, al destacar que entre los detenidos hay personas acusadas o condenadas por homicidio, violación, tráfico de drogas y pertenencia a pandillas violentas.
Sin embargo, organizaciones civiles, defensores de migrantes y autoridades locales han denunciado que el operativo tuvo un impacto mucho más amplio que el descrito por el gobierno federal. Reportes independientes apuntan a que menos de 14% de los detenidos tenía antecedentes por delitos violentos graves, y que también fueron arrestadas personas sin historial criminal, residentes legales e incluso ciudadanos estadounidenses, lo que desató protestas masivas en Minnesota. Durante enero se documentaron al menos dos muertes de ciudadanos estadounidenses —entre ellos Renee Nicole “Nicole” Good y Alex Pretti— en incidentes relacionados con operativos de ICE, hechos que siguen bajo investigación.
Homan explicó que, con el cierre de la fase intensiva, se procederá al retiro inmediato de unos 700 agentes federales, parte de los miles desplegados en el estado desde finales de 2025 para proteger y apoyar a ICE y a la Patrulla Fronteriza. Aun así, alrededor de 2,000 agentes permanecerán en Minnesota para continuar tareas de cumplimiento migratorio, investigaciones criminales y de fraude, con el compromiso de que las futuras redadas serán “dirigidas a objetivos”, enfocadas en personas que el gobierno clasifica como “amenazas a la seguridad pública”.
El gobernador demócrata Tim Walz y el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, habían presionado durante semanas para que se terminara el operativo, al que calificaron como una batida masiva que militarizó las calles y rompió la confianza entre comunidades migrantes y autoridades. Walz aseguró que, tras conversaciones con Homan y con la jefa de despacho de la Casa Blanca, Susie Wiles, recibió la promesa de que la operación terminaría en “días, no semanas ni meses”, y celebró el anuncio como un “primer paso”, aunque insistió en que la prioridad debe ser restablecer la calma y revisar el uso de la fuerza en los operativos federales.
Mientras tanto, colectivos de migrantes, iglesias y organizaciones de derechos civiles en Minnesota han advertido que el fin de Metro Surge no elimina el temor en barrios donde fue común ver vehículos blindados, agentes encapuchados y detenciones en plena calle o fuera de escuelas y centros de trabajo. Para estas organizaciones, la retirada parcial de ICE no resuelve de fondo la discusión sobre el alcance de las redadas, el perfil de las personas detenidas y la responsabilidad por las muertes ocurridas durante la operación, temas que prometen seguir en el centro del debate migratorio en Estados Unidos.


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