En una sesión que tomó por sorpresa a varios sectores políticos, el Senado de la República aprobó este miércoles, vía ‘fast track’, la autorización para que elementos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos ingresen a territorio nacional. Sin mayor trámite ni envío a comisiones para un análisis profundo, el Pleno avaló la entrada de personal de los Cuerpos de Infantería de Marina, mejor conocidos como Marines, y de las fuerzas especiales Navy SEALs, quienes arribarán al país con el objetivo de realizar actividades de adiestramiento conjunto con la Armada de México.
El permiso, solicitado directamente por el Ejecutivo Federal, tiene como fin principal fortalecer las capacidades operativas de la Secretaría de Marina (SEMAR) a través del intercambio de técnicas y tácticas avanzadas. Los efectivos estadounidenses participarán en el evento denominado «Entrenamiento de Ejercicios Combinados Conjuntos», diseñado para mejorar la interoperabilidad entre ambas naciones en temas de seguridad y defensa. A pesar de que este tipo de ejercicios son rutinarios, la velocidad de la aprobación ha levantado cejas en el círculo rojo de la capital.
La controversia no se hizo esperar dentro del recinto legislativo. La votación dividió opiniones incluso dentro del oficialismo, destacando el rechazo tajante del presidente de la Mesa Directiva, Gerardo Fernández Noroña. Fiel a su discurso sobre la soberanía nacional, el legislador votó en contra, argumentando que la presencia de tropas extranjeras, especialmente de élite como los SEALs, vulnera principios históricos de la política exterior mexicana. Su postura disidente resonó fuerte, evidenciando que el tema de la cooperación militar con el vecino del norte sigue siendo una herida abierta para el ala más radical de la izquierda.
A pesar de la oposición y el debate sobre la militarización de la estrategia de seguridad, la mayoría legislativa impuso su número para avalar el decreto de urgente y obvia resolución. Los defensores de la medida argumentaron que la capacitación es vital para combatir al crimen organizado con mayor eficacia y tecnología. Se espera que el contingente estadounidense llegue en las próximas semanas a las instalaciones navales designadas, bajo estrictos protocolos de supervisión por parte de las autoridades mexicanas.
Este movimiento reafirma la estrecha, aunque a veces tensa, colaboración de seguridad entre México y Estados Unidos en este 2026. Mientras los mandos navales celebran la oportunidad de entrenar con una de las fuerzas más letales del mundo, la ciudadanía y los analistas políticos se preguntan si esta apertura «exprés» es un síntoma de una nueva etapa de alineamiento estratégico o una necesidad operativa ante los retos de seguridad que enfrenta el país.


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