Estados Unidos consumó su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el presidente Donald Trump confirmó que su gobierno no pagará las cuotas millonarias que el país adeuda al organismo, rompiendo una relación de 78 años en la que Washington fue su principal donante. La decisión se hizo efectiva este 22 de enero de 2026, tras un año de proceso iniciado con la orden ejecutiva que Trump firmó el 20 de enero de 2025, el mismo día de su retorno a la Casa Blanca.
“No pagaremos lo adeudado”
En declaraciones retomadas por medios estadounidenses, Trump reiteró que su administración no abonará las cuotas correspondientes a 2024 y 2025, que se estiman entre 260 y 280 millones de dólares, y sostuvo que “el pueblo estadounidense ya ha pagado más que suficiente”. Funcionarios de su gobierno argumentan que los estatutos de la OMS no obligan a liquidar las deudas antes de abandonar la agencia, por lo que consideran que Estados Unidos no tiene compromiso legal de cubrir esos pagos.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos defendió la salida señalando que la OMS habría “abandonado su misión fundamental” y actuado “en contra de los intereses de Estados Unidos”, especialmente durante la pandemia de COVID‑19. La administración Trump acusa al organismo de haber fallado en la respuesta a emergencias sanitarias, de ceder a la influencia política de algunos Estados, en particular China, y de operar con una burocracia inflada e ineficiente.
Golpe financiero y alarma en salud global
La salida de Estados Unidos deja a la OMS sin su mayor contribuyente financiero, ya que entre 2022 y 2023 el país aportó casi 1,300 millones de dólares entre cuotas obligatorias y contribuciones voluntarias. Sin esos recursos, expertos advierten que se pone en riesgo el trabajo de la agencia en programas clave para contener enfermedades como VIH, polio y ébola, así como la vigilancia de nuevos brotes epidémicos.
Especialistas en derecho sanitario como Lawrence Gostin, de la Universidad de Georgetown, calificaron la retirada como “una de las decisiones presidenciales más desastrosas” en materia de salud global. La principal preocupación se centra en la pérdida de inteligencia epidemiológica y en la capacidad de coordinar respuestas rápidas ante nuevas amenazas, justo en un escenario de competencia geopolítica creciente en el campo de la salud.
¿Qué hará ahora Estados Unidos?
Pese al retiro, Washington aseguró que seguirá participando en iniciativas de salud pública pero a través de acuerdos bilaterales y alianzas directas, ya no bajo el paraguas de la OMS. El gobierno de Trump afirma que continuará liderando esfuerzos para prevenir que amenazas infecciosas lleguen a sus fronteras, mediante un modelo “más enfocado, transparente y eficaz” que, según la Casa Blanca, ofrecería “resultados reales” en lugar de depender de la estructura multilateral de la agencia.
La OMS, por su parte, confirmó la notificación formal de retiro y la existencia de la deuda pendiente, pero evitó entrar en confrontación directa con Estados Unidos. Varios gobiernos aliados han llamado a revisar la decisión y a buscar fórmulas para que la cooperación científica y de salud global no quede atrapada en la disputa política entre Washington y el organismo multilateral.



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