Protección a michis y lomitos: Anuncian propuesta para regular albergues en CDMX

La Ciudad de México se prepara para dar un giro importante en la forma en que cuida a sus michis y lomitos rescatados, con una propuesta que busca poner en el centro el bienestar animal y no solo la burocracia. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, adelantó que enviará al Congreso local una iniciativa para que los albergues de animales funcionen con reglas claras, acompañamiento y apoyo, y no bajo la lógica del abandono institucional o del “sálvese quien pueda”.

Antes de entrar al detalle, el plan se organiza en seis puntos clave:

  1. Definir qué es un albergue y sus tipos.
  2. Crear un padrón de albergues.
  3. Establecer condiciones mínimas de bienestar animal.
  4. Regular ubicación y convivencia vecinal.
  5. Implementar supervisión y verificación.
  6. Garantizar apoyo gubernamental.

Reglas claras, pero con corazón

El primer paso es reconocer que no todos los refugios son iguales: hay asociaciones consolidadas, familias que abren su casa, rescatistas independientes que sostienen con su bolsillo lo que el Estado no alcanza. La idea es que la ley los nombre, los distinga y los reconozca, para que cada tipo de albergue tenga responsabilidades, sí, pero también puertas abiertas a recibir ayuda.

En materia de bienestar, la propuesta retoma los cinco dominios que debería tener cualquier vida digna: buena alimentación, un entorno adecuadosalud, posibilidad de expresar comportamientos naturales y un estado emocional tranquilo. Dicho en simple: que ningún perro ni gato termine hacinado, sin agua, sin atención veterinaria o viviendo con miedo, aunque esté “a salvo” de la calle.

La convivencia con el entorno también está sobre la mesa: se busca que los albergues funcionen en lugares donde puedan operar sin convertirse en problema de ruido, olores o suciedad para el vecindario. No se trata de sacar a los refugios de las colonias, sino de que existan espacios mejor pensados, con limpieza y manejo responsable, para que la relación con los vecinos sea más de colaboración que de conflicto.

La supervisión se plantea como una especie de acompañamiento permanente, más que como una cacería de errores. La ruta que se ha planteado públicamente es revisar condiciones, señalar lo que se tiene que mejorar y dar tiempo y herramientas para hacerlo, reservando las sanciones fuertes para casos donde de verdad haya maltrato o negligencia grave.

Del otro lado está el tema que muchos refugios llevan años esperando: el apoyo. La propuesta habla de conectar a los albergues con clínicas y hospitales veterinarios públicos, campañas de esterilización y vacunación, asesoría técnica e incluso mejoras de infraestructura, además de proyectos como la “Utopía Canina”, un gran albergue público con servicios veterinarios y jornadas de adopción que podría convertirse en aliado de los refugios independientes.

En un país donde buena parte del rescate animal se sostiene con rifas, tandas y donaciones, la discusión que viene en el Congreso no es solo jurídica: será clave para definir qué tanto la ciudad asume como propia la responsabilidad de cuidar a los animales que otros ya decidieron salvar de la calle.ión, que funcionará como complemento a la red de refugios independientes.

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